Nadie tiene nada que ver, somos completamente diferentes. Odiseas perdidas en el mar de la tierra, entre salitre. Olas de alturas comprometidas. Velocidades acotadas por la razón del más humano. Personalidades arrolladas y enterradas con hipocresía. La soledad de aquellos que vuelan bajo el algodón grisáceo y sobre la arena cortada y la suela de cada zapato perdido. Se trata de vivir cada suspiro y balancear el principio con el objetivo. Distintos, y a juzgar por lo que veo, no nos pondremos de acuerdo.
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