Ni la luna hubiese imaginado que el silencio estaba tan impregnado de azúcar. Ni cualquier estrella hubiese pensado jamás en iluminar tal cantidad de decepciones. Ni siquiera yo hubiese imaginado perder tan dulcemente la cabeza. Entregar al olvido todo el miedo, todas las dudas, toda apariencia de vida equivocada. Un enjambre de telas de araña, pegadas, que cortan el paso de sentimientos que desconocen la orden de mantenerse a distancia. Si en realidad es un sueño de ambos. Nada mejor que pensar que le pertenezco a tus labios. Nada mejor que disponer de una almohada, única. Nada puede evitarme un sólo movimiento de los que a tu lado presumo. Ya estoy torcido, ya no tengo remedio. Me has autovencido. Veo una luz y una silueta azul. Mi vida ahora ya tiene sentido. Deshacerme de todo lo que me he prohibido.
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